La Tormenta


«A los que buscan, aunque no encuentren A los que avanzan, aunque se pierdan A los que viven, aunque se mueran»

Mario Benedetti

Aprendí a no esperar los finales felices, a buscar la felicidad en el camino.  Tú y yo seguro que suspendimos otras asignaturas, pero la calle nos enseñó, desde bien chicos, a vivir bonito el momento, a disfrutar cada pedazo que tocaba, por si acaso no volvíamos a tener oportunidad de hacerlo.

Recuerdo esas mágicas tormentas de verano, en casa de la estirada de tu madre. Esas sí que eran … ¡¡Barrían la calor y el churre de calles, tejados y fachadas!! No tengo claro que disfrutaba más, si la tromba de agua, o sacar del paso a esa blanca equivocada que te engendró. Le daba Changó y Yemaya vernos bajar los peldaños de dos en dos, de cuatro en cuatro, atravesar el portón y perdernos entre las callejuelas, saltando charcos, chapoteando, gritando como posesos, con Tomasín, el hijo de Gladys, pegado a nuestros talones ¡Tu mamá cogía un insulto! En décimas de segundo dejaba atrás sus exquisitos modales y se transformaba en una chancletera más de Centro Habana. Sus gritos hacían temblar a la cuadra entera:

- ¡¡Estela, subeeeee vas a enfermar!!

Quizás. las cosas no se valoran hasta que se pierden.

Quizás, nadie descubre el secreto de la felicidad hasta que se evapora.

Nota de la autora

Empaparse bajo el primer aguacero de mayo, un pedazo de mi Cuba que no quiero olvidar!!

Foto de Susana Monís

Susana Monís · Escritora

Escribo. No se vivir de otra manera. Mis historias se tejen entre un Madrid donde nací y una Habana donde viví, que marcó mi forma de sentir y de contar.

Comentarios (6)

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Duberhace 2 meses

Nadie imagina lo feliz que es un niño bajo un aguacero. Y si es en esos lugares en los que se canaliza el agua y cae en cascada. Indescriptible. Gracias por estos textos y gracias por todo 🙏.

Ana Vhace 3 meses

Hermoso chapotear en los charcos. Se lo enseñé a mis hijos y ahora a mis nietas.

La Tormenta© Matthew Baysantos
200